jueves, 2 de diciembre de 2010

Diario de clase: escritura y reflexión de la práctica docente - Leonora Gelemur

Considero que la escritura de un diario de clase permite reflexionar acerca de los modos de apropiación de la bibliografía y de los cruces de la teoría con la práctica didáctica. Además permite volver sobre la clase dada y sobre aquellos textos críticos que nos ayudaron a pensarla. En esta cátedra fueron varios los textos que me permitieron pensar la clase a modo de guión conjetural y además me permitieron esa libertad de volver sobre la reflexión en la escritura del diario de clase. Algunos textos como La trama de los textos de Bombini y La invención de lo cotidiano de Michel de Certeau fueron de suma importancia a la hora de pensar en la literatura en tanto situación de comunicación y además en pensar cuál era la implicación de la práctica de la lectura. De Certeau me ayudó a reflexionar en los lectores como viajeros y Bombini en la pluralidad de voces que leen un texto.

La diversidad de bibliografía propuesta por la cátedra dio lugar, en mí particularmente, a abrirme a nuevos perspectivas, a pensar la literatura en un marco ligado más al deseo que al “deber ser” como discurso establecido y estereotipado que estructura y cancela esa pluralidad de voces que surgen cuando uno se pregunta: ¿Cuál es la representación de literatura que tiene cada uno de los alumnos? y también ¿cuál es mi propia representación de literatura a la hora de dar clases? Yo creo que estas preguntas fueron estructurales en mi práctica educativa y la bibliografía me sirvió muchísimo ya que me permitió rever toda mi formación académica en la universidad y volver sobre aquellos autores claves que me abrían la posibilidad de pensar la literatura como objeto de conocimiento. A saber Roland Barhes con su libro El susurro del lenguaje y también Foucault con su obra Las palabras y las cosas. Autores que me permitieron pensar mi relación con el conocimiento y a partir de allí considerar la posibilidad de una didáctica crítica que permita la posibilidad de poner en cuestión la literatura tanto en la planificación de las clases como en las clases misma. También me permitieron la libertad de pensar las clases de literatura como un espacio de reflexión abierto, dinámico y flexible donde puede existir la posibilidad de producir y jugar con las palabras en conexión directa con el deseo muchas veces clausurado o relegado.

Una nueva técnica de lectura y escritura -Federico Fernández

Me pareció excelente. Escribir ficción fue otro modo de acercanos a las investigaciones, teóricas y prácticas, a través de la metáfora, de la creación de personajes, de la puesta en juego de una serie de recursos que están por fuera del conjunto de herramientas académicas que se utilizan a la hora de investigar.

No sólo me resultó un desafío la consigna, sino que me sorprendí a mí mismo viendo cómo podía hacerme cargo de un autor a partir del trabajo con su estilo. No sólo el andamiaje teórico de conceptos estaba en juego, sino que eso estaba incluido en su forma de escribir.

Esta propuesta me pareció una técnica muy interesante para sumar a la serie de actividades del docente de Lengua y Literatura. Con un potencial interpretativo muy grande, que rebasa los límites de la lectura académica tradicional.

Creo que debería ser puesta en práctica más seguido. Probablemente nos refresque un poco y sirva para sacarnos de la aparatosidad conceptual en la que abundan la mayoría de las monografías.

Libertad para aprender -María Martha Rimoldi

Lo que sentí como alumna, a lo largo del curso de la materia, fue una amplia libertad. Libertad para elegir un enfoque al momento de realizar el parcial y también para llevar a cabo las prácticas. El cruce de la bibliografía con la escritura de ficción fue muy novedoso, porque nunca antes en la carrera me habían pedido que escribiera algo de ficción. Me costó mucho porque no escribo, y me transportó de alguna manera al pasado, a la adolescencia y a las primeras aproximaciones a la literatura.

Al mismo tiempo, la posibilidad de enfocar un problema de la enseñanza de la lengua y la literatura también permitió darle al parcial y a las prácticas un mismo sentido, asociar la teoría con la práctica y vivir la experiencia en carne propia.

De alguna manera, escribir sobre un problema, reflexionar desde la práctica y trabajar con bibliografía al respecto fue una manera de ver y tratar el tema desde todos los ángulos posibles. La complejidad de los problemas en la enseñanza de la lengua y la literatura es tal que no se me ocurre la posibilidad de elaborar una lista finita y trabajar sobre un ítem, sino más bien lo veo como una trama que incluye problemas teóricos, vinculares, sociales, situacionales (entre otros), que se cruzan y forman una infinidad de aspectos interesantes para la materia.

La lectura de la bibliografía me permitió explorar un aspecto de la enseñanza de la materia que me atrapó, el control que, como docente, siempre necesité tener sobre los alumnos, los temas, los textos y los resultados.

Acercando mundos-Alejandro

Hay varios textos de la bibliografía con la que trabajamos que fueron interesantes para mí y me sirvieron a la hora de reflexionar acerca de las representaciones que yo tenía de lo que era “dar clases”. Por ejemplo, Bombini no deja de recordarnos la idea de utilizar los saberes que los alumnos traen para reorientarlos hacia el camino que uno pretende hacer y que ese trayecto original se vea problematizado por esos mismo saberes es algo que no debemos olvidar, me parece. Pero en relación a esto en el parcial yo me preguntaba si tenemos idea realmente de qué saberes ellos traen, si estamos en condiciones de salvar la brecha generacional, es decir, de mundos, que hay entre nosotros. Por ejemplo, en la primera clase, para conocerlos un poco les pregunté qué cosas les interesaba, qué leían, qué escuchaban, qué miraban; sin embargo, la respuesta que recibí no me ayudó demasiado. Supongo que ésa no es la manera de averiguar sus interesen sino que eso se puede hacer cuando la relación entre alumno y profesor es un poco más larga que una práctica.

Por otro lado, pero en relación con lo anterior, parte de la bibliografía pone en cuestión la idea de que la lectura de textos literarios está justificada en sí misma. A veces nos olvidamos que la relevancia que la literatura tiene para nosotros no tiene por qué ser compartida por el resto del mundo; en todo caso, el desafío que se le presenta al docente es cómo hacer que leer lo que les llevamos tenga un motivo. La pregunta crucial de “para qué quiero leer esto”, que puede desestabilizar a cualquier profesor, tiene que ser respondida en algún sentido que sea aceptable para los alumnos. Y ahí es donde la cuestión de los saberes y los intereses de los chicos entra otra vez en escena.

Al menos para mí, y doy como ejemplo las cuestiones arriba mencionadas, los textos que leímos cumplieron su función de hacernos repensar las relaciones que tenemos con la literatura y problematizar la idea de práctica docente con la nos acercamos inicialmente a la materia.

La realidad como un texto de ficción - Daniela Franceschi

La consigna parece peligrosa: tengo que escribir un texto de ficción sobre algún problema didáctico de la enseñanza de la Lengua y la Literatura. ¿Me saldrá algo decente y al mismo tiempo digno de un parcial? Apenas me pongo a escribir me olvido de esa pregunta que me tortura durante todo el proceso de elegir tema y elegir el estilo. La escritura de ficción me habilita a acercarme a los textos teóricos de forma más relajada. El texto ya no es sagrado, se lo puede descuartizar, recortar, cruzar con otras cosas. Puedo incluso ironizar sobre él y jugar a adecuarlo a una situación determinada.

La consigna abre el juego: el conocimiento no es un sinfín de categorías que me ordenan el mundo de una vez y para siempre. Es más bien una enorme cantidad de instrumentos por los que yo puedo asomarme al mundo y que me van a dar como resultado miles de percepciones diferentes. Cuantos más use, más versiones del mundo voy a tener. La escritura de ficción, con la liberación del lenguaje “académico”, me permite ver los caminos de mi pensamiento como una forma de aproximarme al conocimiento. Son las múltiples conexiones que saltan a mi mente cuando busco una forma distinta de acercarme a la realidad que veo, cuando trato de entender por qué la veo así y cómo podría verla de forma diferente, cuando trato de operar sobre ella, las que valen. Ahora puedo pensar la realidad como un texto, un texto de ficción, con sus infinitas posibilidades de lectura; pongo en circulación el conocimiento para volver a juntarlo transformado y volver a empezar, en un juego que nunca se cierra.

Todo es ficción-Diego Fernando Molina Lopez

Didáctica especial es, o debería ser, o tal vez así es como esta pensada, ese lugar, la materia final de la carrera, al menos del profesorado. Uno no sabe, al menos yo no la tenía tan clara, el hecho de que de Puan se sale profesor también. No un super profesor universitario que solo se dedicará a cuestiones exclusivas de teóricos brillantes que analizan y exponen “la pasiva con se” y/o “las implicancias de la teoría de Foucault en nuestras decisiones cotidianas”. Probablemente uno se gane la vida, mayormente en secundarios, de todo tipo, y por todos lados. Toda escritura es ficción. Una ficción que impacta en la misma realidad, de distintos modos, con distintas implicancias y consecuencias. El guión es una ficción, la práctica lo es, la relación docente - alumno. Una ficción que construye una realidad de manera permanente. En ocasiones es por placer, para disfrutar, en otras para pensar la realidad, para analizarla, comprenderla, complejizarla, relacionarla. La ficción le da sentidos a nuestras existencias como alumnos. Entramos a la carrera, al menos en mi caso, porque me interesaba la ficción. Luego la teoría gana lugar. Y hacia el final de la carrera, nos damos cuenta de que no aprendimos a escribir ficción jajajaja. Da risa, y preocupa. En verdad, no me di cuenta hacia el final de la carrera, pero sí note la falencia. Hacia el final lo comprobé, cuanto me faltaba de ficción.

Creo que uno en el aula, como profesor, olvida gran parte de las teorías, pero algo siempre queda, la idea central, la coherencia de ciertas lecturas. Me quedo con la estimulación de la creatividad planteada en la bibliografía, en el incentivo a este tipo de prácticas que le den el lugar al alumno, para que encuentre significados y se pueda expresar.